Por Arturo Garibay

RENÉE ZELLWEGER es el mástil de JUDY, el melodrama biográfico de RUPERT GOOLD que cuenta la historia de la legendaria JUDY GARLAND. El trabajo de la actriz de Cold Mountain y Bridget Jones se planta en el epicentro de la película y desde ahí hace sentir su ola expansiva. Zellweger no se conforma con ser solvente o verosímil: en un ejercicio de apropiación total, de desdoblamiento histriónico, la actriz se mimetiza con la efigie y el alma de la gran Judy Garland. Así de buena es su interpretación.

JUDY, basada en la pieza teatral END OF THE RAINBOW de PETER QUILTER, nos hace un recorrido por la vida de Garland por terrenos domésticos y artísticos, personales y financieros, pero, por encima de todo, alimenta con mucha belleza y emotividad el mito de la protagonista de EL MAGO DE OZ. Goold asume los hechos reales, resucita con Zellweger a la Judy original, pero su mirada a la vida de la estrella no es usada para desmitificarla. Porque, hasta el último plano, incluso a través de los momentos dolorosos o los desfiguros, el filme sostiene las dimensiones estelares de Garland, eternamente totémica.

El trabajo de Zellweger es, de verdad, impresionante. Renée se desvanece para traer a las pantallas a Judy. Su logro actoral se ve respaldado por otro de los grandes aciertos de la película: su trabajo plástico. Vestuaristas, maquillistas y peinadores detallan y esculpen en el cuerpo lo que Zellweger consigue con su kinésica, su proxémica… y hasta la más sutil de las miradas.

A esto hay que anotar la forma en que Zellweger toma el micrófono y da nueva vida al cancionero de Garland. Porque ella misma canta las canciones. Hay en la película incluso un número musical filmado como plano secuencia, sin un solo corte, en el que Zellweger hace propio el escenario como solo pueden lograrlo las rockstars más fulminantes. Renée magnetiza las miradas del espectador a nombre de Garland. No se me ocurren otras palabras para sintetizar la experiencia que el espectador vive dentro de la sala.

JUDY es una película que entretiene, atrapa y que exprime lágrimas genuinas del espectador con la dignidad que solo pueden presumir los buenos melodramas. Aunque pletórica de números musicales, JUDY se separa de las formas del musical tradicional y apuesta más por ofrecer una historia de vida engrapada al entorno del espectáculo.

En su liga, la película no tiene desperdicio , es un crowd pleaser total. No olvides llevar pañuelos desechables.


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