★ ★ ★ ½
Por Arturo Garibay

Comienzo este texto con una advertencia: voy a deshacerme en elogios para Cindy la Regia, ¡súper nice! Lo digo en serio. Sé que muchos estamos ciscados (como dicen en mi rancho) porque la avalancha de comedias ‘comercialotas’ mexicanas del último lustro nos ha traído más decepciones que dichas. Pero Cindy la Regia no es como las demás. Es especial. Y lo que hace es establecer la marca a vencer para las comedias mexicanas en 2020. Así de simple. Es graciosa, es rotunda y es muy, muy auténtica.

Cindy la Regia es dirigida por Catalina Aguilar Mastretta (que me parece dueña de un talento por demás interensante) y Santiago Limón, quienes hilvanan un relato de identidad, maduración y sentido de pertenencia muy cañón. La envoltura es la de una comedia resultona, incluso trivial, pero que en su interior guarda un relato que nos ofrece una reflexión muy interesante sobre transformación, emancipación y, por sobre todas las cosas, la diversidad de individuos que hacen de México una cosa tan peculiar.

En Cindy la Regia conocemos a una joven de Nuevo León cuyo novio ‘tipo bien’ le pide matrimonio. Cindy, que siempre pensó que ese era su sueño dorado, se da cuenta de golpe de que en realidad eso no es lo que quiere, así que sale huyendo hacia la Ciudad de México. Pero su huida no es una fuga, sino un viaje de reencuentro consigo misma. Solo falta que se dé cuenta de ello.

Cindy es encarnada por una Cassandra Sánchez Navarro que, si dejamos de lado la justificada mala imagen que tenemos la comedia mexicana actual, ya debería de ser considerada como una de las candidatas más firmes al Premio Ariel de este año. Su trabajo es fenomenal. Cassandra se mete en la piel de Cindy y las costuras son invisibles. En pantalla vemos a un personaje que se apropia de cada escena, nada la eclipsa.

La comedia mexicana no está muerta, goey. Cindy la Regia nos muestra que podemos esperar mucho del cine cómico mexicano. Y que una comedia no tiene que ser ramplona o trivial; que puede ser desternillante y, al mismo tiempo, tener carnita, discurso, cosas chidas que compartir con el gran público en los términos del gran público. Como espectadores, no tendríamos que conformarnos con menos que esto cuando busquemos una película ligera y entretenida. Adiós a lo anquilosado de las comedias comerciales de los últimos años.

Para quienes busquen en la película a la Cindy de las historietas de Ricardo Cucamonga, solo tengo un comentario: la versión cinematográfica consigue dibujar su propia iteración de la Cindy de los cómics. El trabajo de apropiación es interesantísimo y me da la impresión de que viene desde el guion hasta cristalizarse en el trabajo de Cassandra. Es nuestra Cindy… pero al mismo tiempo es una Cindy reinventada, que existe en su tridimensionalidad cinematográfica con mucha dignidad y sin pisotear a la Cindy original.

Pues ya… ¡al cine a ver Cindy la Regia!

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