Por Arturo Garibay

Nunca he encontrado disfrute en escribir una crítica mala, pero a veces no hay para dónde hacerse. Bloodshot es una película que lo deja a uno acorralado con sus desatinos seriales, que salen disparados como las incesantes balas de una ametralladora. Que me coman los nanobots si miento.


No me gusta escribir sobre películas malas porque siento que es depositar las palabras en terrenos estériles. Sin embargo, creo también que a veces el mal cine nos enseña mucho y nos da herramientas para ejercitar la apreciación y reflexionar sobre cosas muy puntuales. Y creo que Bloodshot nos permite rescatar algunos temas de conversación.

En este punto, abro paréntesis para contar de qué va la película: cuenta la historia de un soldado caído (Vin Diesel) que es resucitado con súper poderes impulsados por nanotecnología. Al volver a la vida, el personaje principal está convenientemente amnésico, pero pronto sus recuerdos le inyectarán una sed de venganza que necesita saciar. Francamente, este personaje de Valiant Comics tenía una historia con potencial cinematográfico. Arquetípica o no, si uno de pone a pensar en la anécdota después de ver la peli, es inevitable sentir que pudo haberse hecho más con esta materia prima. En fin.

Superaremos pues el hecho de que el guion de Bloodshot es un dechado de lugares comunes, que la película es estereotípica, convencional, cliché; que está terriblemente actuada, que los diálogos parecen recitados, falsos; que no hay verdad en esta ficción. Todo es acartonado. Estos son los tropos de una película mal escrita y mal realizada.


Pero lo realmente importante sucede en otro nivel. En un nivel en el que se rozan el cine y los videojuegos. Me explico:

Tanto el cine como los videojuegos son experiencias de carácter audiovisual. Aunque el lenguaje del cine permea en todas las formas de creación audiovisual, en los videojuegos las diferencias se acentúan por un valor en particular: ahí la creación audiovisual está vinculada a la interactividad, al control que el jugador tiene sobre la imagen.

Esto lo comento porque en Bloodshot hay muchos elementos de realización y ejecución que funcionarían de maravilla en un videojuego, pero que en el cine solo son imágenes vacías, sin propósito. Ver Bloodshot es como mirar una serie de cinemáticas de videojuego pero sin la recompensa de la interacción con la diégesis. Nada más frustrante que ser un espectador no participante.

La experiencia en realización de videojuegos del director Dave Wilson ha sido más un lastre que un acierto. Se le nota su escuela y, honor a quien honor merece, su catálogo de trabajos en el terreno gamer es impresionante. Pero el lenguaje audiovisual de su trabajo de 9 a 5 no es el apropiado para una película.


Hacer cine que parece videojuego es un despropósito total. Esta película pertenece a otro lugar, no a una sala de cine. En realidad, Bloodshot podría ser un videojuego maravilloso, lo imagino como un open world tipo Infamous. Porque como película, como cine, no da el ancho.

Por otro lado, creo que en más de una ocasión se nos ha probado que el efectismo solamente produce películas aburridas. Si a eso le sumamos que los efectos en cuestión llegan a verse falsos, lo que obtenemos es un producto visual incapaz de producir seducción en el espectador.

En el género de superhéroes en particular, las mejores películas que hemos visto a la fecha son aquellas en las que los efectos visuales quedan al servicio de la narración, donde esos efectos se integran a la atmósfera, al universo de la película sin imponerse ni robar protagonismo al personaje y su historia. En Bloodshot los efectos quieren ser protagonistas.

Lo curioso es que en cierto momento, durante el transcurso del primer acto, pensé que la película podía llegar a gustarme. En esos momentos se percibe en la cinta un tufillo al cine de acción de las décadas de 1980 y 1990. Pero la magia se desvanece rápido: no hay homenaje, intertexto o referencia contundente a la cual asirse, no hay contundencia estilística, solo una intención timorata.

Al final del día, ni todos los nanitos del mundo consiguen sanar las heridas mortales de Bloodshot. El filme del héroe cibernético sufre de un fallo total en su sistema operativo. A esta película le falta cine. No sé explicarlo de otra manera.

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