★★★★
Por Arturo Garibay

Así como pasa con el boxeo o con los viajes por carretera, hay algo intrínsecamente cinematográfico en la mafia y el crimen. MARTIN SCORSESE lo sabe mejor que nadie. No es la primera vez que abraza a los personajes del mundo criminal con su cámara. Una vez más, Scorsese se ha probado como autor (no porque necesite hacerlo) y ha firmado una de las películas más importantes del año, para el almanaque de 2019.

EL IRLANDÉS es un reto audiovisual. Es inteligente, es elaborada (que no rebuscada), es una película de crimen que tiene su chiste, que no es unidimensional. Vale la pena decirlo de golpe. Qué pena la exhibición limitada que tuvo en salas de cine, cosa que me parece una grosería para una película de esta magnitud visual, que está evidentemente zurcida para ser disfrutada en pantalla grande… ¿¡cómo conformarse con ver la fotografía de RODRIGO PRIETO en una pantalla doméstica o en una computadora… o en un celular!? Afortunadamente alcancé a verla en pantallota. Procura la pantalla más grande que tengas a tu alcance al ponerle play a la película, te lo recomiendo.

EL IRLANDÉS cuenta la historia de Frank, un hombre interpretado por un ROBERT DE NIRO capaz de encarnarse a sí mismo con soltura y convicción tanto en la juventud que en la última vejez, el cual entra por accidente al mundo del hampa, apadrinado por una figura totémica encarnada por el impecable JOE PESCI. Tarde que temprano se cruza en el camino de Frank un hombre de una vigorosidad política peculiar, el mismísimo Jimmy Hoffa encarnado por un AL PACINO rotundo.

Scorsese, como el auteur directo que es pero que actúa como un artesano, sin filias artísticas postizas, ofrece así un relato que hace lo que más me gusta: entregar preguntas, no respuesta. Ya sé que ya antes he escrito al respecto porque, bueno, creo que una buena pregunta es mejor que una buena respuesta. Aquí el realizador nos cuestiona y lanza afrentas sobre el poder de la gente, el poder de las armas, el poder del crimen, el poder de la voluntad. Todas son preguntas formuladas con sutileza, para quien las quiera encontrar. Quizá uno de los casos más evidentes sea el del personaje de Jimmy Hoffa, que Pacino y Scorsese construyen como la epítome de la pantomima sindical.

Me gusta el Jimmy Hoffa de Pacino como en su momento me gustó el Hoffa que hizo JACK NICHOLSON en la década de 1990. Ambos encarnan al mismo hombre, pero el personaje está enhebrado de otro modo en aquella película que escribió MAMET, de modo que la experiencia que nos da Pacino es distinta y no da lugar a comparaciones. Esto lo extrapolo a todo el elenco, que hace un trabajo fantástico de apropiación de los personajes. Todos muy reales, cercanos incluso en la distancia de tiempo y espacio.

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En la parte plástica, EL IRLANDÉS hace algo que se agradece: en tiempos en los que el cine parece estar al servicio de los efectos especiales, Scorsese nos deja claro que el asunto es al revés. Los grandes efectos especiales no son los de la estridencia y la zarabanda, sino los que se incrustan en el relato para volverse una pieza de rompecabezas que se clava con líneas invisibles.

En todo caso, si hay que ponerle un “pero”, diría que en momentos la película me llegó a parecer inabarcable. No que me moleste. En el caso de Scorsese, pues es un pretexto para revisar la película al menos en una segunda ocasión. Pero creo que es justo decirle al lector que lo que va a ver es una película corpulenta, grande no solo en sus dimensiones narrativas o estructurales. Vaya, la película dura tres horas y media.

Ahora voy a cometer una herejía: me gustó EL IRLANDÉS, bastante, pero en este momento no estoy seguro de si el día de mañana va a consagrarse como una de mis películas favoritas del hampa. Empero, sí puedo decir que, al día de hoy y junto con ROMA de Cuarón, es una de las mejores películas que Netflix haya producido. ¡Cuadrangular!

Si no la pudiste ver en el cine… lástima. Ya no hay marcha atrás. Pero ya está montada en Netlix para que puedas disfrutar de uno de los relatos más logrados del año.


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