★ ★ ★ ½
Por Arturo Garibay

PARÁSITOS es una película narrada en un in crescendo perpetuo. Lo que inicia como una comedia trivial se convierte en un evento de horror puro en el que hay elementos de drama doméstico, cine de estafa, comentario social y thriller clásico. En serio, PARÁSITOS tiene de todo.

Normalmente guardo cierto recelo frente a las películas etiquetadas como “la mejor del año.” El hype puede llegar a ser excesivamente nocivo para la experiencia cinematográfica, porque luego llega uno al cine buscando una película que no es. Pero bueno, en este caso el hype tenía la razón: PARÁSITOS es, cómodamente, una de las películas más logradas de este 2019. Sus actuaciones son impecables, su trabajo con la cámara es certero y el tono mutante de la película se transforma de una manera tan orgánica que es difícil no ceder ante sus encantos.

Dirigida por BONG JOON-HO, con tres nominaciones a los premios Golden Globe (incluyendo Mejor Película Extranjera) y ganadora unánime de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, PARÁSITOS cuenta la historia de la familia Kim: padre, madre y dos hijos. Todos están desempleados y viven en la pobreza, doblando cajas de pizza, lidiando con borrachos y robando el wifi de los vecinos para sobrellevar el día a día. Pero su suerte cambia cuando el hijo menor recibe la oportunidad de convertirse en tutor de una adolescente rica, en una casa llena de lujos. Un hábitat que se convertirá en el objeto de deseo de los Kim.

Que Joon-ho haya logrado una película tan rotunda no es sorpresa alguna: ya antes nos ha entregado relatos sólidos como OKJA, SNOWPIERCER: EL EXPRESO DEL MIEDO o EL HUÉSPED (The Host, 2006), cada una con sus propias excentricidades y ambrosías. En ellas, Joon-ho no solo nos ha entretenido, también nos ha compartido ideas y reflexiones sobre la crueldad del mundo, la lucha de los oprimidos, la injusticia y las urgencias medioambientales. En PARÁSITOS el espectador encontrará una película entretenidísima de principio a fin, intrigante, osada… y, con suerte, un comentario inteligente sobre la polarización social, la ‘orbitación’ de pobres y ricos.

En gran medida y allende el estupendo trabajo del elenco, las emociones que transmite PARÁSITOS provienen del trabajo de la cámara, de la puntual dirección de escena y del montaje interno, que se desenvuelve con una mecánica casi hitchockiana, haciendo mucho cine e inyectándole al espectador un sentimiento muy concreto: que en la medida que observamos esta historia somos cómplices de los personajes. Bong Joon-ho se ha emplazado ya por la ruta de aquellos que llegan a ser “de los grandes”.

Que quisiera ahondar en momentos o situaciones concretas, en escenas y diálogos específicos, me encantaría, pero la idea no es arruinarle al lector la experiencia de descubrir cada plano y cada incidente de PARÁSITOS. Esta es una película a la que vale la pena llegar con los ojos vírgenes, conociendo a lo mucho las generalidades más superficiales de la trama y un poco sobre los temas que aborda. El goce está en atestiguar el entramado de la madeja, la manera en que todo se rasga y el potente y trepidante final. De esos que cortan el aliento.

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