Una de las tareas más fascinantes en una producción de cine es crear el arte y el diseño de producción. Darle su look a una película puede ser un enorme reto, sobre todo cuando se trata de un filme de terror.

La película de terror Menéndez: El día del Señor se estrenó hace unas semanas en Netflix. Si algo especial notamos en ella fue el trabajo tan cuidado de sus atmósferas. La cinta, que ocurre dentro de una vieja casa habitada por un cura caído en desgracia, le entrega al espectador un espacio verosímil y a medida para una película de género, de posesiones demoniacas.

El trabajo plástico de Menéndez: El día del Señor corrió a cargo de Max Albarrán, un diseñador de producción cuya cartera de créditos incluye títulos como el cortometraje Nictofobia y el largometraje antológico México Bárbaro. En TOPCINEMA charlamos con el director de arte sobre su trabajo con el realizador Santiago Alvarado Ilarri, la inspiración para crear la identidad espacial de la cinta y el reto de hacer arte para cine de horror.

¿Cómo es la experiencia de crear el diseño de producción para una película de terror, donde el tema atmosférico es tan determinante respecto a la experiencia que él espectador se puede llevar de la película?

Para mí, emocionalmente me parece que es bastante rico, porque soy un diseñador de producción que precisamente trata de jugar mucho con la cuestión de lo sensorial en el set, sabiendo que obviamente que el director y los actores lo van a percibir, que les ayuda a llevar su personaje. En especial en Menéndez cuando los actores llegaron hubo expresiones de “wow, ¿qué es esto?”

Por ejemplo, en las tazas realmente dejamos que se secara el café. El olor del set, nosotros lo íbanos provocando desde semanas antes poniendo 50 ó 100 inciensos al día. Nos fijábamos en las persianas, en los cuellos de las camisas. Todos los detalles. Investigamos en qué ordenes se podían hacer exorcismos y en cuáles no, qué colores se utilizan en las sotanas, qué simbolismos podíamos tener en las vitrinas. Buscamos cuadros que estuvieran ad hoc en casa escena o que pudieran ser un poco premonitorios, este tipo de cosas que hasta llegan a la psique de los personajes. Que si el padre se echa sus whiskeys, su cigarrito, que tiene cierta neurosis, incluso puede ser un poquito hasta sociópata, ¿no? Pues realmente el ambiente de alguien así puede llegar a ser un poco desordenado.

Este espacio donde trabajaron, este acabado que se le dio, ¿cómo fue el trabajo con Santi [Alvarado]? ¿Ese espacio es una casa o es un set?

Es una casa en semi abandono que se buscó desde meses antes. Yo estuve trabajando vía remota en horarios en los que nos coincidían los tiempos, ya que estando el director [Santiago Alvarado] en España, nos reuníamos o muy temprano o muy tarde. Fuimos visualizando poco a poco junto con el productor y definiendo la paleta de color que propuse que prácticamente no tuvo cambios. En cambio, si hubo algunos utensilios que eran muy determinantes como el teléfono, ahí si fue labor de todos porque son una especie de bullets visuales que nos van a dar algunas respuestas.

En las paletas de color de las películas de terror ocurre que la obscuridad se vuelve algo muy importante. ¿Hicieron una bajada de color de cómo debía verse la película? Te lo pregunto porque sí noto mucha uniformidad conceptual.

Tratamos de que la película no “brincara”, es decir, este es un sótano, pero es parte de la misma casa, no hacer como que cambiara demasiado un set del otro, porque queríamos ubicar a la gente dentro de ese mismo espacio. Pero también si te fijas la iluminación varía un poquito según la situación y la cercanía que se tiene con el demonio. Cuando esta Ximena Romo en su habitación hay mucha más luz. Cuando está el padre “en su viaje” hay mucha más iluminación, todo depende un poquito del dramatismo que se le quiera dar a la pantalla.

Para la conceptualización plástica de la película, ¿trabajaron con referencias concretas? ¿Creaste un moodboard o usaste otras películas como referencia?

Sí hicimos un trabajo arduo. Lugares como el sótano, con mucha textura, pisos rugosos pintados con sangre y ese tipo de cosas, los teníamos muy muy claros. La relación con todos los departamentos fluyó muy bien gracias a la dirección de Santiago y a la producción de Alex [Sugich], desde las carpetas creativas y las propuestas visuales. Después, platicando con el fotógrafo [Rocco Rodríguez] me solicitó algunos pretextos visuales para dar cierto drama, pero fueron muy poquitas cosas las que le agregamos a la carpeta, hubo un trabajo bien hecho y de varios meses en las carpetas conceptuales.

Cuéntame sobre tu propia relación con el cine de terror, ¿fue una experiencia cercana o lejana hacer el arte de Menéndez?

Curiosamente me ha tocado trabajar mucho en cortometrajes y películas de terror y de ciencia ficción. He participado en series de televisión y comerciales muy dulces también, pero al final el cine de terror exige… y exige mucho porque coexisten lo real y lo que es irreal. Entonces ahí uno se tiene que valer de todos los conocimientos técnicos y trucos para lograrlo, para que el espectador se enganche.


Entrevista: Arturo Garibay
Texto: Arturo Garibay / DavidFlores