Hari Sama conversa con Arturo Garibay,
editor de TOPCINEMA

«No quería que la película fuese ni una metáfora de los ochentas ni un homenaje. Quería unos ochentas muy crudos y verdaderos»

—HARI SAMA

México, 1986. Dos amigos surcan la adolescencia pero su vida cotidiana se estremece con nuevos descubrimientos: la rebeldía, la atracción, el sexo, las drogas y, por sobre todas las cosas, la música. Arropados por una escena subterránea de un México sometido por un mundial de futbol y una realidad caprichosa, los protagonistas de ESTO NO ES BERLÍN viven las experiencias que marcarán sus vidas y los llevarán a madurar, incluso a costa de su propia amistad.

La cinta, dirigida por HARI SAMA, ya pasó por los festivales de Sundance, TriBeCa, San Sebastián, Miami, Málaga y Morelia. Ahora le llega el turno de llamar a la puerta del gran público en México con una corrida comercial que inicia el 13 de diciembre.

Quiero empezar hablando sobre la música de la película. Tienes una relación directa con la música. En tu película eso está presente también. ¿Cómo trabajaste la sinergia que existe entre las canciones y la historia?

Creo que fue una de las partes más emocionantes para mí dentro de la realización de esta película. Esas canciones son el soundtrack de mi adolescencia. Ciertamente yo crecí escuchando mucha música distinta, soy muy musical, no pierdo oportunidad de ir a conciertos ni de ver quiénes están tocando. Pero lo que pasa es que lo que te marca cuando eres chico no te lo sacudes nunca. Yo no voy a poder abandonar esa música de los ochentas, la de Bauhaus, la del new wave, la del post-punk. Así crecí yo.

El diálogo entre música e historia existía desde el guion, aunque también hubo canciones que encontré durante el rodaje y que se volvieron parte narrativa del proyecto. Mi relación con la música es algo que aparece permanentemente en la película. Recuerdo, por ejemplo, que al escribir uno de los tratamientos que hice yo solo, justo en el que estaba metiéndole a la película todo el “color” de los ochentas, debo de haber escuchado al menos unas quinientas veces “Misery Train” de Suicide. Escuchar ese tipo de canciones me ayudaba a entrar en contexto.

ESTO NO ES BERLÍN es una película de maduración.

Efectivamente. Nuestros protagonistas son dos adolescentes, Carlos y Gera, que tienen un encuentro con un grupo de personajes más radicales, con una estética y un universo que les resultan totalmente ajenas, les va dejando una semilla y los va removiendo, transformando. A lo largo de la película su relación de amistad se pone en riesgo y ambos entran en un trayecto donde vemos que el dolor también nos ayuda a madurar. Sin embargo, pienso que el haber entrado en contacto con los extraños personajes que se cruzan en sus caminos es algo que los despierta, que los hace sensibles a un montón de cosas.

Yo soy Carlos, de alguna manera. Y con lo que me quedo de haber encontrado a esas personas en mi vida, de haber pasado por ese grupo, es que a partir de ahí yo supe que podía ser un artista, alguien que podía hablar de sus propios dolores y preocupaciones. Esa experiencia ayudó a que me aventurara a estudiar cine. En la película hay un personaje muy frágil, muy tímido, en una relación fracturada consigo mismo, se encuentra con algo muy opuesto, con una explosión de contracultura, irreverencia… eso nos permite llegar a un lugar de descubrimiento con el personaje.

En un relato tan personal, ¿cómo hiciste para transitar hacia el terreno de la ficción?

Creo que precisamente por esa razón es que pensé en escribir esta película junto a alguien más. Pensaba que, al ser una película muy coral y muy propia, me parecía más padre, más creativo y más profundo compartir la experiencia con alguien más. En los créditos hay otras plumas como las de Rodrigo Ordóñez y Max Zunino. Con ellos las cosas fluyeron requetebien. Ellos aportaron parte de la estructura dramática de la película, algo muy importante. Por mí parte, creo que diría que le inyecté el espíritu de lo propio y de lo ficticio.

El arte y la cámara hacen que viajemos a un México que le inyecta cierta nostalgia a quienes lo vivimos. La película ocurre en 1986, un año de mucho furor.

Yo tenía muy claro que no quería teatralizar la década de 1980, que ya de por sí es muy teatral. No me quería pasar. No quería que la película fuese ni una metáfora de los ochentas ni un homenaje. Quería unos ochentas muy crudos y verdaderos. Obviamente, mis ochentas no son los mismos que los de mi hermana, por ponerte un ejemplo. De entrada, escuchábamos tipos de música diferentes. Mis ochentas son los ochentas dark. De cierto modo, buscaba una estética más aterrizada al documental o al realismo.


ESTO NO ES BERLÍN
Estreno: 13 de diciembre
Cinépolis Distribución

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