El joven realizador Gabriel Esdras no ha dudado al echar mano de su entorno y sus intereses narrativos para darle forma a ÉL, DETRÁS DEL ARMA, un cortometraje de ficción de factura tapatía que recientemente ganó el premio Hecho en Jalisco en el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Y la vida de este cortometraje apenas comienza.

En esta pieza, un ex grafitero convertido en guardia de seguridad le advierte a su rebelde hermano sobre los peligros de sumarse a las protestas contra el abuso policiaco. Aunque parece que ambos recorren sendas diferentes, al final de una noche sus caminos se encontrarán.

Tras el triunfo de ÉL, DETRÁS DEL ARMA en el FICG 38, en TOPCINEMA charlamos con su director sobre el trabajo detrás de este relato corto pero de intenciones abiertas.

El relato parte de un motivo narrativo muy local —dos hermanos en Guadalajara— y reconocible para los tapatíos… y, sin embargo, la pieza logra escalar a una dimensión más universal: ¿cómo crees que se ha dado esto?

Todo empezó con una idea en la que buscaba algo personal, honesto y vivencial que contar, pero también pensando si era posible una identificación más global. La historia de los dos hermanos está inspirada en la relación entre mi hermano y yo; pero también entre mi papá y mi tío. Sí, es cierto que retratamos la vida específica de Guadalajara, pero a la vez creo que vemos interacciones que son comunes entre hermanos, eso hace posible que pueda conectar con los espectadores.

Comentas que los dos personajes están inspirados en relaciones dentro de tu propia familia. ¿Cómo fue para ti darle una dimensión de ficción a esos motivos dramáticos que estabas tomando de tu seno familiar? Porque, al final de cuentas, estamos ante una autoficción, no un documental.

Primero te diré que yo quería hacer una película sobre madurar. Sucede que justo en el momento en que escribía el guion estaba pasando por un momento en el que pensaba que tenía la obligación de madurar, pues me sentía casi en un entorno distópico. Tomé aquella realidad cercana pero con la determinación que explorar eso desde la ficción; quería recorrer un universo de realidad pero con dos personajes ficticios, adentro de un guion, que funcionaran para algo muy específico incluso si yo estaba jalando elementos del mundo real.

En este afán de lograr una textura naturalista, ¿qué tan importantes fueron tanto el trabajo de casting como las decisiones de cámara? Pongo mi acento en estos dos elementos porque, como espectador, a mí me parecieron cruciales.

Estoy de acuerdo, son las dos cosas que sabía que iban a ser importantes al hacer el corto. Yo tenía un poco de miedo de hacer ficción pues, hasta ese punto, en la escuela habíamos trabajado principalmente casi pura ficción, yo estaba más o menos harto de los ejercicios, las malas actuaciones clásicas de un trabajo de estudiante; me daba miedo repetir eso siendo que tenía la intención de contar algo en un nivel más profesional. Mi meta era poder sacar adelante un cortometraje que se sintiera más genuino.

Estuve pasando tiempo con mi  tío, que es grafitero y es uno de los actores del corto y que había estado en algunos ejercicios míos; yo tenía atracción hacia su mundo, que era el mundo de grafiti, incluso si en la familia lo rechazaban. Al momento de pensar en el elenco, pensé que el camino era acercarme a trabajar con actores naturales o primerizos, buscando más autenticidad. Lo mismo pensé respecto a la cámara en mano y dejar un poco de lado el recurso del tripié, que la cámara tratara de captura a gente “siendo ellos mismos”, incluso si teníamos un guion.

¿Trabajaste ciertas referencias con tu equipo para que todos compartieran esa mirada contigo?

Intenté que viéramos muchas películas juntos o que viéramos las mismas películas; oír música, eso fue muy importante como referencia; ver videos musicales; incluso hicimos maquetas con cámaras de foto para explicar qué tipo de movimiento de cámara quería, qué encuadres, qué imágenes… de ese modo fue fácil explicarle al equipo la aproximación.

Algo que fue muy bueno y que quiero repetir en futuros proyectos es que logramos ser una unidad de trabajo: mi diseñador de producción y coguionista fue mi hermano, la cinefotógrafa fue mi exnovia, el editor y el productor son de mis mejores amigos. Pura gente que nos conocíamos bien y que sabemos platicar entre nosotros y compartirnos qué onda. Fue importante tener un equipo con personas con las que había un buen trato y un sentido de colaboración lleno de confianza.


Texto por Arturo Garibay para TOPCINEMA
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