Este 15 de mayo se estrena en cines mexicanos La Falla, el segundo largometraje documental de Alana Simoes, una mirada profunda y sensible al mundo de la educación básica en México, pero también a la forma en que las infancias interpretan, aprenden y heredan las narrativas del país que habitan.

En conversación con TOPCINEMA, la directora compartió detalles de este proyecto que comenzó antes de la pandemia y terminó convirtiéndose en un retrato íntimo de una generación de niñas y niños que viven en un país donde la violencia se ha vuelto una normalidad.

De un documental frustrado a una nueva historia

Todo comenzó con un proyecto anterior: un documental sobre estudiantes normalistas de Atequiza, Jalisco. Simoes estaba interesada en seguir de cerca a jóvenes que habían decidido convertirse en maestros en medio de un entorno social profundamente violento. “Me parecía muy fuerte esa vocación de querer educar, formar niños, en un contexto así”, explicó.

Pero la llegada de la pandemia interrumpió todo. Las escuelas cerraron, los rodajes se detuvieron y ese documental se archivó. Sin embargo, una de las normalistas, Celeste, fue asignada a un grupo de primaria tras el confinamiento. Fue entonces cuando le dijo a Alana: “ven a filmar”.

Lo que surgió de ese llamado fue otra película. “La Falla es la historia de una maestra y su grupo de 24 niños. Ella ha sido su única profesora en los años de la pandemia, quien les enseñó a leer y a escribir. Hay un vínculo muy fuerte, y justo cuando inicia el documental, le informan que será transferida a otra escuela. Lo que seguimos es su último mes con ellos”, contó la cineasta.

Más allá del aula: narrativas, país y metáforas

La anécdota central —una maestra que se despide de sus alumnos— es solo el punto de partida. La Falla se pregunta algo mucho más amplio: ¿qué mundo le estamos narrando a nuestras infancias?, ¿cómo se normaliza la violencia desde las primeras etapas de vida? ¿Qué grietas tiene el sistema educativo y, por extensión, la sociedad misma?

“El título nace de muchas cosas”, explicó Simoes. “Primero, por el accidente que fue reescribir un documental entero. Luego, por las fallas sistémicas que detectamos al mirar la educación desde adentro. Y también, de manera muy literal, porque durante el rodaje nos tocó vivir otro sismo el 19 de septiembre, como una metáfora de que hay algo que tiembla todo el tiempo en este país”.

Una filmación entre juegos, despedidas y contención

El rodaje duró un mes y medio. El equipo, reducido a cuatro personas dentro del aula, convivió con el grupo escolar de seis de la mañana a ocho de la noche. “Los niños al principio jugaban mucho con los micrófonos y las cámaras. Pero luego ocurrió algo increíble: empezaron a sentirse observados, escuchados, importantes. Y las dinámicas entre ellos comenzaron a cambiar”, recuerda Simoes.

En la película hay un momento clave en el que los propios niños toman una cámara y filman su propia despedida para la maestra. “Ellos hacían su película mientras nosotros hacíamos la nuestra”, dice la directora. Ese acto de agencia y de creación se convirtió en uno de los hilos narrativos más significativos.

También hubo un trabajo previo de construcción de confianza: Simoes trabajó durante meses con las madres de familia antes de entrar al aula con una cámara, y contó con la asesoría de un psicólogo infantil para garantizar un entorno emocionalmente seguro durante el rodaje.

Educación, identidad y subtexto

Para Alana Simoes, La Falla es un documental que pide la participación del público. “Yo no busco narrar con grandes clímax o giros dramáticos. Me interesa lo que está fuera de campo, lo que se sugiere, lo que se intuye”, explica. En ese sentido, la estructura se sostiene más en la observación que en la exposición.

En el aula se abordan temas como la migración, la familia, la violencia de género y las historias oficiales del país. “Son contenidos identitarios que, al ser vistos desde los ojos de los niños, revelan mucho sobre las fallas en nuestra manera de contar el mundo”, afirma.

El montaje final de La Falla dura unos 80 minutos, pero el primer corte fue de tres horas. “Filmamos muchísimo, porque cada interacción era valiosa. Pero luego tuvimos que priorizar y construir un solo viaje emocional y narrativo”.

Un cine que se transforma

Después de Mi hermano, su primer largo documental, Simoes vuelve al universo infantil con La Falla. ¿Por qué regresar a las infancias? “Yo creo que ahí me quedé. Tengo muchos recuerdos de mi niñez y una conciencia muy temprana de que el mundo tenía dolor. Esa mirada se mantiene viva en mí”.

Ahora trabaja en un nuevo proyecto que explora las hibridaciones entre ficción y documental y cuestiona los esquemas tradicionales de narración. “Quiero alejarme del imperativo aristotélico de la historia con clímax y desenlace. Hay que encontrar nuevas formas de narrarnos el mundo”, concluye.

Estreno en cines

La Falla se estrena en salas mexicanas este 15 de mayo, tras haber sido parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia, donde obtuvo la Mención Especial del Jurado documental.

“Estoy feliz, siento que es como parir después de seis años de pensar en esta película. Ahora viene otra etapa. Es hora de que la película tenga su propio camino, y de que yo comience el siguiente”, concluye la cineasta.


Entrevista por Arturo Garibay